Ciencia

Sin anestesia

Doctor Octavio Calvillo.

No sería posible concebir actualmente una cirugía sin anestesia. La humanidad se ha preocupado por milenios de eliminar o minimizar el dolor físico. La anestesia ha logrado posicionarse como una ciencia auténtica apoyada por la fisiología, la farmacología así como por la química y la física, entre otras. Los intentos de aliviar el dolor durante actos quirúrgicos se remontan a varios personajes históricos y célebres; Hipócrates y Galeno usaban esponjas soporíferas que contenían mandrágora,  beleño y opio. Obviamente las operaciones que ellos hacían eran sencillas comparadas con las contemporáneas. Los egipcios usaban opio mezclado con alcohol;  a éste último lo hemos vemos en la cinematográfica donde se  intoxica al herido para extraerle proyectiles balísticos. En la antigüedad se usaba apretarle el cuello al paciente con el objeto de comprimir las arterias carótidas con la resultante hipoxia cerebral e inconsciencia; otro método era la conmoción cerebral: el paciente recibía un golpe en la cabeza que le producía estupor e inconsciencia temporal.

La anestesia como hoy la conocemos, se hace y se aplica científicamente; es una verdadera ciencia y se logró con el descubrimiento de algunos gases en estado puro. En Inglaterra el reverendo Josef Priestley descubrió el oxígeno y un año después, el óxido nitroso. A raíz de estos hallazgos, se fundó el Instituto de Medicina Neumática de Clifton, Inglaterra. En 1799 Priestley se hizo cargo del instituto Humphrey Davy con el propósito de estudiar el bióxido de carbono y el óxido nitroso. En1795 el científico inhaló el óxido nitroso y describió los efectos con claridad. Reportó una sensación de mareo, relajación muscular, audición más aguda y se sintió tan alegre y rió largamente de ahí que se le llame al óxido nitroso gas hilarante.

El siguiente evento importante en la historia de la anestesia fue el aislamiento de la morfina a partir del opio; ésto lo logró  E.W. Satumer. Hacia 1842 aparece en escena el boticario y médico rural Crawford Long en el estado de Georgia, en Estados Unidos. El doctor Long hizo inhalar éter a un amigo suyo que tenía tumores en el cuello y lo operó con éxito el 30 de marzo de 1842. Otro personaje que usó el éter y el opio con propósitos médicos exitosamente fue E.R. Smile en 1844. Pero quienes quienes cambiaron el rumbo de la anestesia fueron los doctores  Horace Wells y William Morton; ellos fueron odontólogos y fueron los iniciadores de la anestesiología  moderna más no contemporánea. Horace Wells nació en Windsor Connecticut; estudió odontología y se estableció en Hartford Connecticut ahí conoció al doctor Morton quien sería su alumno. Ambos se asociaron y se establecieron en Boston logrando un gran éxito. Wells y Morton querían curar y evitar el dolor de sus pacientes. En diciembre de 1844  Wells volvió a su región natal y presenció un espectáculo en la fiesta del pueblo donde un químico de apellido Conlon demostró los efectos hilarantes del óxido nitroso. El paciente se cayó y se produjo una herida en una pierna y Wells observó que no reportaba dolor. Wells intrigado quedó muy intrigado por esta observación y poco después le permitió al doctor Riggs su amigo y colega,  que le extrajera una muela bajo el efecto del óxido nitroso. Ese episodio no le causó dolor. Wells continuó experimentando con el gas y eventualmente fue invitado por el profesor Warren para realizar una demostración del efecto del óxidi nitroso en el hospital general de Massachussets, en Boston. El 15 de enero de 1845 ante un nutrido público Wells intentó repetir la extracción de una muela a un paciente, pero éste se puso a gritar enloquecido. La demostración fue un rotundo fracaso y los asistentes se rieron de Horace Wells. Los cirujanos del hospital lo acusaron de mentiroso y farsante. El revés afectó tanto al científico que se entregó al alcohol y al éter. Se suicidó en una cárcel de Nueva York en 1748. William Morton, otrora compañero de Wells empezó a investigar los efectos del éter y a experimentar con perros y con él mismo. Tuvo la oportunidad de probar su método en un paciente que llegó a su consultorio con  un fuerte dolor de muelas; lo  hizo inhalar éter y cuando estaba profundamente anestesiado, lo pudo operar sin dolor. Morton diseñó un aparato para vaporizar éter y fue invitado por el profesor Warren para hacer una demostración en el anfiteatro, hoy conocido como The Ether Dome (  la Cúpula del Eter) en el hospital general de Massachusetts en Boston (actualmente la cúpula del éter es parte de un museo en el hospital general de Massachusets). La demostración fue un éxito; cuando Morton consideró que el procedimiento podía proceder le dijo al cirujano:

“Doctor su paciente está listo”  Desde entonces, esta frase se usa actualmente en todo el mundo. La  operación terminó y el paciente no manifestó dolor alguno. El doctor Warren se dirigió a la audiencia diciendo: “Caballeros, esto no es un truco”

Morton se convirtió en una celebridad en la región pero murió trágicamente ahogado en un parque de Nueva York. El éter como anestésico se usó en todo el mundo hasta los años 50 del siglo XX. Era muy seguro y confiable.

Al otro lado del Atlántico, el doctor James Young Simpson, ginecólogo de Edinburgo, utilizó otro fármaco conocido como cloroformo. Simpson introdujo a la práctica de la obstetricia un fórceps que lleva su nombre y desde 1846 utilizó el cloroformo como anestesia. Sobre sus resultados con 50 pacientes hizo un reporte que compartió con las asociaciones médicas  de Escocia. Pronto se descubrieron los efectos tóxicos del cloroformo en hígado y corazón por lo que su uso disminuyó en las Islas Británicas y se optó por el éter al ser más seguro.

A pesar de los efectos secundarios del cloroformo, el 7 de abril de 1853 la Reina Victoria aceptó que el doctor John Snow le aplicara cloroformo en el alumbramiento de su octavo hijo, el príncipe Leopoldo.

Los norteamericanos claman que la anestesia es una contribución de ellos, los británicos dicen que ellos la inventaron; evidentemente ambos merecen crédito.

Respecto anestesia en México existe un documento histórico en la Península  de Yucatán que señala al docctor José Matilde Sansores como el primero en usar éter con un paciente en el Hospital General de San Juan de Dios de la ciudad de Mérida, Yucatán el día 4 de junio de 1847, tan solo ochos meses después de que Morton experimentará con éter en Boston. Esto pondría al doctor Sansores como el pionero de la anestesia en México.; sin embargo, hay datos históricos que indican que el doctor Pablo Martínez del Río publicó una nota en la Gaceta Médica de México en la afirmaba que él había sido el que primero en administra éter en México pero no mencionó  la fecha. En 1948 el historiador y médico Fernández del Castillo público un sugestivo artículo titulado “Cuando y por quién se aplicó por primera vez en México la anestesia por inhalación” e indica que esto tuvo lugar en 1847 durante la invasión norteamericana, cuando los médicos norteamericanos contaban con éter en sus botiquines y lo aplicaban a los heridos. No se aclara los procedimientos quirúrgicos que tuvieron lugar pero no es difícil imaginar los procedimientos tal vez amputaciones y extracción de proyectiles.

La anestesia contemporánea es una ciencia compleja y actualmente segura y confiable, los anestesiólogos reciben entrenamiento intenso y profundo en toda clase de cirugías y actualmente han logrado que la mortalidad de los pacientes a causa de la anestesia, sea mínima.