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Los Cascos Azules Mexicanos

El anuncio del presidente Enrique Peña Nieto, de que México participaría con los Cascos Azules de la Organización de las Naciones Unidas en las Operaciones para el Mantenimiento de la Paz, coincidió con la indignación internacional por el asesinato y desaparición de estudiantes de la Escuela Rurarl de Ayotzinapa en Guerrero y con el caso Tlatlaya, Estado de México, donde soldados del Ejército mexicano, habrían ejecutado a 22 jóvenes de manera extrajudicial.

La noticia de la participación de México en los Cascos Azules tomó por sorpresa al país. La oposición parlamentaria reclamó que nadie consultó a las Cámaras. Quienes simpatizan con la medida argumentan que es una facultad presidencial tomar esas decisiones.

Es una medida publicitaria” dijo el doctor Edgardo Buscaglia “Es un espasmo mediático. Están más preocupados por la imagen que por la realidad y las políticas públicas. Alguien le cuchicheó en el oído a Peña Nieto que participar con los Cascos Azules, mejoraría su imagen. México le ha dicho al mundo que es una democracia pero es una versión desorganizada del régimen chino” sentenció Buscaglia y declaró al teléfono: “Un país que tiene 7 de sus 32 estados fallidos, en absoluta ingobernabilidad, es ridículo que quiera enviar cascos azules. Lo importante es el vestido” enfatizó el abogado de origen uruguayo.

¿Le serviría de algo a México tener tropas de paz en la ONU?

  • Buscaglia responde: Depende dónde, depende cuándo. Si se envían soldados a la ligera a cualquier parte del mundo sin hacer una evaluación previa, los cascos pueden convertirse en parte del problema y no de la solución. En los lugares donde los cascos han estado por décadas se puede decir que son misiones exitosas como en la frontera entre Egipto e Israel, haciendo una labor ejemplar, en cambio en Bosnia fueron parte del problema. Si mandas cascos sin estrategia sin protocolos adecuados de actuación, será terrible pues pueden dejar al país peor que como lo encontraron” sostiene el director del Instituto de Acción Ciudadana.

Edgardo Buscaglia trabajó por muchos años en la Organización de las Naciones Unidas y fue enviado a diversas misiones humanitarias en las operó codo a codo con los Cascos Azules. El investigador de la Universidad de Columbia resalta: “Hay países muy inestables y muy pobres enviando tropas como El Salvador y Nepal. Mientras más problemas tienen algunos países, más Cascos Azules envían y la ONU feliz porque así tiene más cuerpos calientes disponibles” deduce el profesor universitario.

Los cascos Azules y la construcción de la paz

La ONU no cuenta con un ejército propio. Los países solo envían a sus propios soldados para integrarse a los Cascos Azules. No se aceptan mercenarios. Las tropas enviadas a las Operaciones de Mantenimiento de la Paz tienen como objetivo principal evitar que los bandos en guerra se sigan enfrentando y proteger a la población civil. Los Cascos Azules no es un bando beligerante sino un apoyo a los médicos, ingenieros, diplomáticos, etc., que llegan a una región en guerra o en plena catástrofe humanitaria para ayudar a salvar vidas, reconstruir infraestructura e instituciones. Las cosas se complican cuando en el lugar no hay Estado como es el caso de Somalia.

Los mandatos de los Cascos Azules se han ido transformado con los años. Si durante la Guerra Fría fue salvaguardar la integridad y seguridad de un Estado, ahora el énfasis está en garantizar la seguridad de la población. Los Cascos Azules antes sólo podían disparar en defensa propia, actualmente ya están autorizados para proteger a la población en situ, por ejemplo en los campamentos de refugiados de Sudán.

Un mexicano en Sudán

El abogado mexicano Luis Ángel Benavides, fue un enviado especial del entonces Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki- Moon, a Sudán, Darfur y Sudán del Sur, para recolectar información sobre el cumplimiento de las sanciones de la ONU a Sudán y documentar la situación de los campamentos de refugiados en Darfur.

Yo salía cada día a las inspecciones con una escolta de 40 cascos azules. No te puedes imaginar lo terrible de la situación en Darfur. Los conflictos no se solucionan de manera militar. El mandato de los Casco Azules es evitar que el conflicto crezca y proteger a la población civil; eso es bien complicado,” aclara el abogado especialista en derechos humanos y apunta: “Los Cascos Azules necesitan órdenes muy precisas para cualquier actividad; sin ellas no pueden actuar. No debemos olvidar que se trata de soldados. Si ellos participan en un conflicto armado se convierten en parte de él.

Si hay combates, se pone en peligro toda una misión.” El profesor investigador universitario ya de vuelta en México señala el doctor Benavides, que en las operaciones de mantenimiento de la paz, los Cascos Azules son solo uno de muchos componentes, pues la mayoría son civiles en trabajo de carácter humanitario que busca la conciliación de las partes en conflicto.

¿Pueden proteger a los refugiados de ataques armados? pregunta esta reportera.

-Sí, deben protegerlos, responde el doctor Benavides. “El problema es que tienen que estar en el momento del ataque, no pueden perseguir a nadie”.El catedrático nos pone un ejemplo: “En el caso de Darfur hay 10 mil soldados y dicha provincia es del tamaño de España con 20 campamentos de refugiados. Se necesitan muchos recursos. El ser casco es jugarse la vida, por eso es tan importante hacer una evaluación correcta de cada situación.” El jurista que participó en el Tribunal Internacional para Ruanda agrega: “México ya ha participado en las Operaciones de Mantenimiento de la Paz de las Naciones Unidas desde hace más de 40 años. Enviamos mucho dinero. Somos el país 14 de donaciones en OMP. En Latinoamérica en algún momento tuvimos el primer lugar en contribuciones. Es importante participar de manera directa. México debe ser más activo No basta con llamar a las partes a buscar el dialogo” El profesor universitario explica que México participará poco a poco y cada vez con contingentes más grandes.

A los soldados su gobierno les paga su salario normal y reciben una paga extra de Naciones Unidas. Es una labor muy loable y muy noble defender a los más desvalidos que ni siquiera son sus connacionales. México puede ayudar de muchas formas por ejemplo, enviando médicos a combatir Ébola en Africa Occidental como lo ha hecho Cuba. El ejercito mexicano hace muy buenas labores en zonas de desastre naturales y pueden ayudar en otras regiones.” concluye el investigador

El doctor Buscaglia lo ve de otra manera:

Debido a la enorme demanda que generan los conflictos, cada vez más numerosos en este planeta la ONU está desesperada por incorporar cada vez más elementos; no se dan abasto por eso incorporan a militares que no poseen una capitación previa, y envían hasta al Pato Donald a operaciones que a veces son mezcla de operaciones militares o de policía En el caso mexicano, el ejército viola masivamente los derechos humanos; si lo integras a los Cascos Azules, lo único que harás es exportar esas violaciones a los derechos humanos a otros países. Eso fue lo que sucedió en el Congo. Los soldados que violan derechos humanos en su país terminan violándolos a donde van. Los errores se pagan con vidas” sentencia el autor de Vacíos de Poder.

Haldor, un Casco Azul noruego que se reserva su apellido, afirmó a esta reportera que se enroló con el mejor ánimo de ayudar en zonas de conflicto en los años noventa. “Al batallón noruego nos enviaron al Líbano, pero nos dieron orden de no intervenir cuando Israel atacaba. Fuimos testigos mudos e impotentes. Eso nos traumó a varios. Yo abandoné a los Cascos Azules apenas pude”

El lado negro de los Cascos Azules

La década de los noventa fue negra para la reputación de la ONU y de los Cascos Azules no solo por las matanzas que hubo en sus narices como las de Ruanda y Srebrenitza, sino por los crímenes cometidos por los soldados contra la población más indefensa del planeta en las misiones de paz en Africa y Haití.

El informe Machel

Los abusos sexuales de los Cascos Azules en Africa, fueron documentados por diversas instancias. Una de ellas fue el equipo de investigación organizado por Gracias Machel, la segunda esposa de Nelson Mandela. El informe titulado “Impact of armed conflicto on children” (1993) mejor conocido como el Informe Machel fue devastador por su crudeza y los datos duros aportados en los testimonios de las propias víctimas.

Poco después, el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo Social, de la ONU denunció la explotación sexual de mujeres y niñas en Camboya.

En 1993 la organización African Rights preparó el informe de 40 páginas titulado: “Abuses by the United Nations forces” En este documento se detallan diversos crímenes (tortura psicológica, robos, atropellos deliberados con vehículos) realizados por miembros de los Cascos Azules.

En 1996 el Secretario General de la ONU Butros Butros Gali en un documento fechado el 8 de noviembre, reconoció oficialmente los abusos sexuales de soldados de los Cascos Azules a mujeres y niños en Mozambique, Angola, Somalia, Bosnia, Croacia, Camboya y Ruanda. Ese documento coincide con el realizado por la organización no gubernamental inglesa Salvar a los niños ( Save the Children) donde denuncia el abuso sexual de mujeres y niñas por parte de los Cascos Azules en Mozambique, Ruanda, Somalia, Camboya, Angola, Bosnia y Croacia.
Entre octubre y noviembre del 2001, el Alto Comisionado de Naciones Unidas (ACNUR) y Save The Children realizaron un informe basado en testimonios de 1500 menores, sobre todo niñas que habían sufrido abusos sexuales cometidos en campos de refugiados de Sierra Leona, Liberia y Guinea Conakry, esta vez no solo por los soldados sino por cooperantes de 40 organizaciones no gubernamentales.

En el 2003 los Cascos Azules de Nepal cometieron delitos sexuales en la República Democrática del Congo; en esa ocasión 6 soldados fueron en carcelados. En 2004 los crímenes sexuales de los Cascos en Burundi llegaron a tal extremo que la ONU retiró a sus soldados. La organización se negó a revelar los nombres. Se probaron 68 casos de violaciones, prostitución y pederastia por parte de soldados cascos azules originarios de Uruguay, Túnez, Sudáfrica, Pakistán, Marruecos y Nepal, según denunció el periódico The Washington Post.

En el 2004 dos soldados de las fuerzas de paz de la ONU fueron repatriados tras haber sido acusados de abusos en Burundi. En 2005 varios soldados de la ONU fueron acusados de violaciones y abusos sexuales en Sudán.

En mayo de 2005, el entonces secretario general de la ONU, Kofi Annan, informó que las denuncias de abuso y explotación sexual cometidos por miembros de la organización habían aumentado a más del doble en 2004. En el 2006 el personal de la ONU en Haití y Liberia enfrentó acusaciones de violanciones sexuales. La BBC reportó el 8 de mayo de 2006 que Save the Children denunció a civiles y militares de las misiones de paz que explotaban sexualmente a las niñas de los campamentos de refugiados.

Tolerancia cero

Poco antes de abandonar su cargo como secretario general de la ONU, en 2006, Kofi Annan pidió que en las misiones de paz se implementara una política de “tolerancia cero” frente a abusos sexuales sinemabrgo en el 2007, los integrantes de las tropas fueron acusados de explotación sexual de la población haitiana. Los Cascos Azules fueron sustituidos por personal femenino compuesto por 600 mujeres. Ese mismo año la ONU se vio obligada a abrir una investigación sobre abusos sexuales en Costa de Marfil cometidos presuntamente por sus cascos azules. En 2008 nuevamente Save the Children puso el dedo en la llaga con el estudio No one to turn to ( Nadie a quien recurrir) donde documenta abusos sexuales en Haití y Costa de Marfil.

¿Qué le pasa a un soldado que está involucrada en delitos de este tipo?

En el caso de los Cascos Azules, depende del sistema judicial del país al que pertenece el imputado. El país tiene la obligación legal de procesarlo judicialmente.

Que no paguen justos por pecadores

Yo he convivido con personal de la ONU en campos de refugiados. Es gente muy valiente.Los programas de las agencias de derechos humanos la Oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos, los programas de alimentos, de refugiados, que veo en Líbano, Jordania, todos los lugares donde hay campos de refugiados son personas más que comprometidas que sufren día a día las situaciones más extremas de atrocidades” nos dice el doctor Buscaglia quien acaba de regresar de los campos de refugiados sirios en Líbano advierte

. Pero hay que separar. Ellos contrastan con el aparato burocrático de la ONU de países de ingresos medios, es un aparato burocrático que se sirve a sí mismo. En contraste hay países donde el estado está casi colapsado ahí te encuentras a voluntarios, personas maravillosas que van a ayudar solo por altruismo. Y cuando ellos reportan atrocidades cometidas por aliados, o por países que contribuyen con mucho dinero a la ONU, se les hace callar. se desilusionan y se van de la institución. Hay una ONU de cocteles y de hoteles de 5 estrellas en Polanco y hay otra que es la que yo veo en los campos de refugiados. Hay esa esquizofrenia dentro de la ONU.” concluye el especialista en crimen organizado.

Tras la Guerra Fría

Las operaciones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas se transformaron al finalizar la Guerra Fría; ahora hay un mayor número de conflictos y de países participantes que antes. Los mandatos, es decir las labores a realizar se transformaron. Durante la Guerra Fría, había pocas operaciones de paz y las potencias preferían mantenerse al margen.

Actualmente las operaciones para el mantenimiento de la paz tienen prioridad en la ONU como mecanismo para la solución de conflictos y a decir de Maria Cristina Rosas, del Instituto Olof Palme, eso es alarmante; sería mejor invertir en esfuerzos diplomáticos y de conciliación y esforzarse en prevenir los conflictos que enviar tropas

En el caso de Bangladesh, el gobierno de Dhaka reconoce que las remesas que le genera al país la participación en OMPs es una fuente importante de ingresos, al punto de que anualmente le permite a esa nación disponer de 200 millones de dólares”

Maria Cristina Rosas en el libro Las Operaciones del Mantenimiento de la Paz de las Naciones Unidas, lecciones desde el mundo, retoma un cuadro del Departamento de Operaciones de la Paz donde queda claro que los países que envían más tropas a los Cascos Azules, son los más pobres o inestables del plantea. En orden de importancia están, Pakistán, Bangladesh, India, Nigeria, Nepal, Ghana, Jordania e incluso Ruanda. Parece existir, apunta la investigadora, una vinculación entre las carencias propias del subdesarrollo y la participación masiva en las misiones de paz. A Ruanda, en 1994, la comunidad internacional le negó la ayuda necesaria para evitar un genocidio y hoy día es el octavo contribuyente con personal. Señala la especialista.

Romero Dallaire y el diablo

Romero Dallaire en ese fatídico 1994 comandaba a un reducido grupo de Cascos Azules en Ruanda. Pidió y suplicó ayuda a la ONU y a toda la comunidad internacional para evitar las masacres que se convertirían en genocidio, pero nadie le hizo caso. Dallaire cayó en una profunda depresión e intentó varias veces quitarse la vida. En el año 2000 intentó suicidarse en Ottawa. Fue hallado aún con vida en un parque público.


Romero Dallaire decidió escribir un libro sobre todo lo que vivió. Se titula Estrechando la mano del diablo. Actualmente el general retirado es asesor de la ONU para la prevención del genocidio y participa en proyectos para combatir la violencia juvenil en fabelas de Río de Janeiro.

El autor de Estrechándole la mano al diablo, recuerda que Ruanda los Cascos Azules solo podían usar la fuerza en defensa propia. “No se nos permitía usar la fuerza para proteger a otros. Eso hubiera sido posible en un mandato bajo el capítulo 7 de la carta de la ONU, pero nunca nos dieron ese mandato, ni las tropas, equipo o municiones para ese tipo de acciones” describe en su desgarrador libro y agrega que un año después de Ruanda, hubo una masacre de bosnios en Srebrenitza donde los serbios del Ejército de la República Srpka, bajo el mando de Ratko Mladich, asesinaron a 8 mil personas en las narices de los 400 Cascos Azules holandeses, en una zona que Naciones Unidas había declarado “segura”.

Las misiones de mantenimiento de la paz dejan profundas huellas en quien participa. El comandante militar de la Misión de  Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (Minustah), el general brasileño  Urano Teixeira Da Matta Bacellar, se suicidó dándose un tiro en la boca. sargento El capitán segundo Sigfrido Edgar Abarca Igor de la dotación Batallón Chile, que también cumplía misión de paz en Haití, se quitó la vida; éstos y otros suicidios llamaron la atención de la ONU que puso al su personal bajo ayuda psicológica.

Si México participa en las Operaciones de Mantenimiento de la Paz, Haití será el primer destino.

El estrés postraumático de los Cascos Azules, defensores de derechos humanos y periodistas

Dellaire sabe lo que es el estrés postraumático y según sus palabras es una lesión para la que hay que construir una prótesis emocional con terapia y con medicamentos para poder vivir con ella. No solo las sufren los soldados, sino los trabajadores de agencias humanitarias, los defensores de los derechos humanos y muchos periodistas. Pero esto es también parte de creer en los derechos humanos. Si uno cree en derechos humanos, en buen gobierno, en el respeto a la ley y si hay un país que pide ayuda para crear condiciones similares, uno debe estar dispuesto a contribuir no sólo con dinero, sino con sudor, lágrimas y a veces con el precio terrible de la sangre.