Política

Fuerzas armadas en México y seguridad: una contradicción

 

 

Quien debiera cuidar a los mexicanos, en realidad es quien más los reprime.

Son muchas las matanzas en México en que el Ejercito, la Marina y las policías, en especial la Policía Federal son responsables por acción directa u omisión. Tal es el caso de la masacre de estudiantes el 2 de octubre de 1968, la matanza del 10 de junio de 1973, las miles de desapariciones forzadas durante la Guerra Sucia en la década de los sesentas y setentas, la masacre de migrantes centroamericanos sin papeles en San Fernando, Tamaulipas en el 2010 donde los policías municipales los entregaron al crimen organizado , los 22 jóvenes ejecutados por soldados de manera extrajucidial en Tlatlaya, Estado de México el 30 de junio de 2014 y la desaparición forzada de 43 estudiantes en Iguala Guerrero el 26 de septiembre de 2014. En el caso de la matanza de campesinos a manos de paramilitares en Acteal, Chiapas (21 de diciembre 1997) la masacre fue en las narices del Ejercito.

La Guerra Fría ( 1947-1990) en Latinoamérica se tradujo en una Guerra Sucia. México, a pesar de que no tuvo dictaduras militares como el Cono Sur, sino un gobierno civil, también sufrió y sigue sufriendo las brutalidades de las fuerzas armadas.

En México, el ejército surgido de la Revolución Mexicana, fue y es un instrumento del autoritarismo. Como bien afirma el analista político e historiador Lorenzo Meyer, “el gran logro político de la posrevolución fue desplazar poco a poco al poder militar de los centros de decisión”. Sin embargo, en la década de los sesentas y setentas, el ejército estaba allí para salvar a la patria de los campesinos organizados, de los sindicatos, de los estudiantes. En México no se dijo que la lucha era contra el comunismo, sino contra “agentes extranjeros que querían desestabilizar al país”. En otras palabras, cualquiera que se enfrentara al autoritarismo, cualquiera que cuestionara a la élite, cualquiera que defienda sus derechos, su agua, su tierra, su aire, era y sigue siendo “el enemigo”. Actualmente los uniformados están en el primer plano de la vida nacional por sus abiertas y constantes violaciones a los derechos humanos.

México nunca ha invadido a otro país, pero sí ha sido invadido por tropas norteamericanas y francesas. El Ejército mexicano, a pesar de valientes batallas, nunca pudo contener al invasor. A lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, ha sido un ejército de ocupación interna. Nuestros soldados no se enfrentan a tropas extranjeras sino a grupos armados irregulares del crimen organizado y sobre todo con la población mexicana.

La buena reputación del Ejército como salvador en catástrofes naturales, quedó eclipsada por la brutalidad con la que actuaron realizando labores de policía en estados como Michoacán, Guerrero, Chihuahua, etcétera, ante la incapacidad y/o corrupción de las policías municipales; éstas, en arias regiones han funcionado como el brazo armado del crimen organizado. En muchos lugares no se sabe si la mafia está al servicio del gobierno o el gobierno está al servicio de la mafia. En cualquier caso, ambos son hermanos siameses.

Ejercito, Marina y Policía Federal fueron enviados a realizar tareas de policías y el número de asesinatos se multiplicó en los lugares a donde llegaron.

La supuesta guerra contra el narcotráfico benefició a las fuerzas armadas y a las policías. Se les aumentó el sueldo; los altos oficiales y muchos políticos sin escrúpulos hicieron millonarios negocios con la compra de armamento. También se apretaron las tuercas a las leyes represivas en nombre de la seguridad nacional. Se abrieron las puertas de par en par a los jóvenes para enrolarse en sus filas. Marina, Ejército o policía Federal es una opción laboral atractiva, así que los enfrentamientos armados se dan entre jóvenes soldados y jóvenes sicarios.

La vinculación de las policías y el Ejército con el crimen organizado es vieja, pero en los últimos años, se volvió más intensa y evidente.

Un ejemplo más. El periodista José Reveles experto en crimen organizado, ha documentado ampliamente el cómo el general Mario Arturo Acosta Chaparro, ( responsable la represión de campesinos y estudiantes, de desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales durante la Guerra Sucia en México) se convirtió en interlocutor entre el gobierno de Felipe Calderón (2006-2012 y los diversos cárteles.

Acosta Chaparro, según Reveles, vendió sus servicios de “limpieza social”, al gobierno de Durango. A través de escuadrones de la muerte se asesinaron de manera sistemática a carteristas, homosexuales, pordioseros, etcétera.

Acosta Chaparro tenía 123 denuncias por desaparición forzadas, había estado en prisión por la protección que dio al Cártel de Juárez. El presidente Felipe Calderón lo exoneró para convertirlo es su negociador personal con el crimen organizado. El general murió asesinado en la Ciudad de México en abril del 2012.

En la década de los ochentas la ola neoliberal emborrachó a los tecnócratas en el poder. La vinculación con Estados Unidos no debía ser solo de mercancías y flujos financieros sino militar. El día que entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio entre México, Canadá y Estados Unidos, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se levantó en armas. El Ejército fue sacado de su letargo y enviado a Chiapas para combatir a la guerrilla. Los zapatistas parecían fantasmas. No se sabía cuántos eran no dónde estaban; la furia y la frustración del ejército cayeron sobre las comunidades que se suponía eran las bases de apoyo de los insurgentes. Así empezó una guerra de baja intensidad que dura hasta hoy día.

De manera magistral el periodista Carlos Fazio documentó cómo desde antes del levantamiento zapatista, el otrora presidente Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) junto con el gobierno norteamericano, integraron a las fuerzas armadas mexicanas a la estrategia de seguridad norteamericana (Doctrina de la Seguridad Hemisférica). México envió a sus oficiales al extranjero, en especial a Estados a la Escuela de las Américas, entre otras, para entrenamiento en contrainsurgencia en el campo y en grandes ciudades. Los sádicos Kaibiles de Guatemala, los torturadores norteamericanos, los estrategas de Israel, los torturadores franceses, todos fueron sus maestros. Parte del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFES) la tropa de élite recién entrenada en las estrategias más modernas y en el uso de las armas más mortíferas, decidió desertar y unirse al Cartel del Golfo, ya que dicho grupo del crimen organizado pagaba mejor.

Estos desertores convertidos en narcotraficantes y asesinos a sueldo, después de unos años decidieron independizarse del Cartel del Golfo, ahora son los famosos Zetas.

La vinculación del Ejercito y la Marina con los grupos del crimen organizado es vieja y es nueva. Los uniformados han actuado en la ilegalidad, a veces a espaldas del gobierno, a veces con su venia y complicidad. ¿Cómo confiar en ellos con tan negro historial?