Política

El general Francisco Gallardo: el ejército necesita un ombusdperson

José Francisco Gallardo Rodríguez llegó a los quince años de edad a la Ciudad de México e ingresó al Heroico Colegio Militar en 1962. A él y a todos los recién llegados le esperaban las novatadas, es decir prácticas salvajes de dolor y humillación para darles la “bienvenida”. Un ejemplo es a mitad de la noche, enrollar a alguien en las sábanas en las que duerme para arrojarlo desde el trampolín de diez metros a la alberca.

En todos los ejércitos del mundo hay novatadas, nos cuenta el general Gallardo, pero no todos logran superarlas, es decir, trabajarlas emocionalmente. Hablamos de un “bulling” extremo. “Hay quien no sobrevive; algunos se suicidan otros quedan traumados y marcados de por vida” narró el general.

Lo que para los mayores es una diversión, para Francisco, el adolescente de Jalisco era un claro abuso de autoridad.

Pasó el tiempo y el joven Gallardo descubrió que el maltrato a los soldados rasos, a los cadetes y todos los subordinados era una constante. Las novadas son eternas así como los abusos.

La vida en el ejército exige mucho. La disciplina se acata y no se discuten las órdenes. Hay que aguantar, sin embargo, a pesar de que el cadete Gallardo llegó a ser general, la idea de que son necesarios cambios civilizatorios en el Ejército no lo abandonó nuca.

Gallardo llegó a ser general brigadier. Se graduó con honores y su talento como jinete lo llevó a las olimpiadas de Seúl representando a México en 1988.

El condecorado militar hizo una maestría en Administración Pública en la Universidad Nacional Autónoma de México obtuvo mención honorífica. Escribió la tesis titulada “La Necesidad de un Ombudsman Militar en México”. Ahí empezaron sus problemas, pues al alto mando del Ejército no le gustó ni siquiera el título.

En 1994 en la revista Forum apareció un artículo sobre su tesis e inmediatamente fue arrestado.

El castigo fue terrible. El general Gallardo fue llevado a juicio y condenado a 14 años de prisión. El gran delito fue expresar lo que pensaba. Se le acusó de malversación de fondos, quema de archivos y más de 18 delitos, usurpación de funciones, injurias, difamación, calumnias al Ejército, lesiones, enriquecimiento ilícito y un largo y absurdo etcétera.

Tras nueve años de encierro la Corte Interamericana de Derecho Humanos dio la recomendación al entonces presidente Vicente Fox que liberara a Gallardo, declarado Preso de Conciencia. Se le dejó en libertad pero no se le retiraron los cargos ni hubo una compensación por el enorme daño inflingido.

El general tenía razón

Francisco sufrió la constatación en carne propia de que tenía razón: es necesario un ombudsman en el Ejército. ¿Cómo es posible que a una persona la encierren en una cárcel por defender los derechos humanos?

Gallardo salió de prisión y continuó sus estudios universitarios en la universidad pública. Hizo un doctorado en la Facultad de Ciencias Políticas donde presentó la tesis:

Ejército y Sociedad en México: Reforma de las Fuerzas Armadas”, y un posdoctorado en Estudios Latinoamericanos, también en la UNAM con la tesis: s “Escenarios de la Seguridad Hemisférica: Entre los Viejos Esquemas y las Nuevas Amenazas”.

Derogar el fuero militar, indispensable para combatir la corrupción en las Fuerzas Armadas

Desde el ámbito académico fue puliendo y afilando sus argumentos en contra del autoritarismo y de los fueros especiales del Ejército en México. Las Fuerzas Armadas siempre han sido muy cerradas, crípticas. Nadie les exige cuentas y no se las ofrecen a nadie.

La vieja indignación del cadete casi niño fue encausada por el preso de conciencia hacia la defensa de los derechos humanos. El general Gallardo conoce al Ejército desde dentro, desde siempre, Sabe perfectamente qué está mal, que hay que cambiar y cómo democratizarlo.

Los planteamientos fundamentales de la tesis de maestría que le costó nueve años de cárcel, el viernes pasado, Gallardo los presentó en la Cámara de Senadores propuesta concretas para acabar los fueros especiales y los privilegios del Ejército. Por ejemplo, Gallardo propone acabar con el fuero militar, obligar a las fuerzas armadas, incluyendo a la Marina a que rinda cuentas. Además, Gallardo exige que los militares sean juzgados por tribunales civiles, pues la llamada justicia militar sirve para encubrir a los altos mandos y encarcelar injustamente a la tropa. Cuando interviene la Justicia Militar entorpece toda la investigación e incluso llega a las amenazas en contra de las víctimas, testigos, familiares y en contra de quienes las apoyan, afirma con determinación nuestro entrevistado.