Cultura

El Club Heinrich Heine: los refugiados del fascismo en México

Gilberto Bosques en Marsella, Cónsul General de México durante la Segunda Guerra Mundial

 

El Club Heinrich Heine fue fundado en la Ciudad de México el 7 de noviembre de 1941 por un nutrido grupo de germano parlantes que huyó del fascismo en Europa. Había húngaros, checos, suizos, yugoslavos, austriacos y alemanes. Algunos sufrieron una persecución política, otros simplemente por ser judíos, estaban condenados a muerte. Comunistas, anarquistas, socialistas, antifascistas, miembros de las Brigadas Internacionales que habían luchado por la República Española y judíos llegaron a México. El gobierno del entonces presidente Lázaro Cárdenas del Río, no solo le abrió la puerta a todo el que lo necesitara, sino que dio órdenes a los diplomáticos mexicanos de que facilitar la llegada de cientos de miles de refugiados. El primer gran éxodo fue de republicanos españoles y después, llegarían todos los demás, en especial, los alemanes.

El cónsul general de México en Francia (1940-1942) fue Gilberto Bosques y cuando las tropas nazis ocuparon París, Bosques y cuarenta diplomáticos se mudaron a Marsella desde donde organizaron el rescate y traslado en barcos de los perseguidos.

Cuando finalmente cayó Marsella, la familia Bosques y todos los diplomáticos mexicanos fueron hechos prisioneros y llevados a Alemania.

Muchos de los miembros del Club Heinrich Heine originalmente querían ir a los Estados Unidos, pero dicho país no los recibió.

EU tuvo una cuota muy pequeña para recibir refugiados, ridícula para la magnitud del problema. México fue la tabla de salvación.

Estados Unidos no aceptaba a cualquiera. Sus criterios eran muy rigurosos en el control de la salud de los inmigrantes, además los refugiados debían ser blancos, protestantes o católicos, pero no aceptaba a ningún comunista o siquiera de izquierda, a ningún criticón ” afirma en entrevista con Hintergrund la doctora Renata von Hanffstengel, experta en el exilio alemán en México y Fundadora del Instituto de Investigaciones Interculturales Germano- Mexicanas y señala:

La mayoría de los pensadores, de los intelectuales en Europa de los años 20 y 30 eran comunistas, socialista o anarquistas que ponían en tela de juicio el capitalismo, así que no los iban a recibir” sentencia la doctora en Humanidades por la Universidad Humboldt de Berlín.

El dictador de la República Dominicana Rafael Leonidas Trujillo, aceptó a más de cien mil judíos europeos pero para que “blanquearan la población” la isla no estuviera poblada exclusivamente por negros.

En junio de 1942 México rompió relaciones diplomáticas con Alemania, y le declaró la guerra al Eje, pero desde que empezó la Guerra Civil Española en 1936, México abrió sus puertas a cientos de miles de refugiados. Laura Bosques, hija de Gilberto Bosques, le dijo en entrevista a quien escribe estas líneas: “Mi padre no era un Schindler mexicano, porque el humanista alemán salvó a los judíos que pudo por iniciativa propia; en el caso de mi padre, se trató de la política exterior del presidente Cárdenas, del gobierno de México.”

 

Visa del escritor austriaco Bruno Schwebel

Alemania Libre

Los refugiados izquierdistas germano parlantes llegados a México ya habían formado su grupo en el otoño de 1941 que se llamaba Alemania Libre (Freies Deutschland) por iniciativa del Partido Comunista Alemán y en enero de 1942 publicaron un semanario en español llamado Alemania Libre.

Ellos estaban esperando instrucciones de Moscú, pero nunca llegaron. La Unión Soviética estaba muy lejos, y también estaba en guerra. Los comunistas alemanes siguieron adelante con su iniciativa propia, temblando de miedo por tal vez hacer enojar a Moscú” explica von Hanffstengel quien consultó los archivos de Moscú tras la caída del Muro y agrega “ Alemania Libre quería captar a la gran mayoría de los refugiados y tal vez integrarlos al Partido Comunista Alemán. Tuvieron que pensar en algún truco para atraer a todos los germano parlantes y no asustarlos porque no todos simpatizaban con los partidos comunistas o eran apolíticos como los judíos. Al núcleo de Alemania Libre ( Walter Janka, Anna Segers, Ranvani , Merker, Rend, Bruno Frei, Ergon , Regler ) se les ocurrió crear una organización cultural neutral . A este club cultural lo llamaron Heinrich Heine” explica la doctora Renata que es nieta de alemanes que llegaron a México en 1880.

La idea nació en una reunión en casa del doctor Ernst Römer, en la Colonia del Valle de la Ciudad de México. Así nació el Club Heinrich Heine y fue todo un éxito.

Anna Segers

 

Sobre Heinrich Heine, Anna Segers, presidenta del club escribió:

Heine pasó por todos los estadios de la migración igual que nosotros: la huída, el quedarnos sin patria, la censura, la lucha y la nostalgia (…)

Nosotros, como él, nos aferramos a los valores de nuestra patria.”

Bruno Frei se refería al poeta alemán del siglo XIX como “ Nuestros genio iluminado”

El Club Heinrich Heine (1941-1946)

El Club Heinrich Heine promovió todo un programa cultural con conferencias, lecturas de poemas, debates políticos, conferencias científicas, e incluso cabaret. En los cinco años de existencia del Club HH hubo innumerables conciertos; entre los austriacos había grandes cantantes y compositores que se presentaron en diversos foros, desde los auditorios de los grandes sindicatos mexicanos hasta el Teatro de Bellas Artes, la sala de conciertos más importante de México. Montaron obras de teatro clásicas o recién escritas en México. La ópera siempre estuvo presente, desde la clásica hasta la de crítica social como la Opera de los Tres Centavos de Bertold Brecht.

El investigador austriaco Christian Kloyber rescató una crónica de Bruno Frei publicada en Austria Libre (abril 1944 p.8) en la que afirmaba Electricistas “Cuando los austriacos llaman, viene todo México” y describía el entusiasmo del público con la música de Strauss y Nestroy.

Las salas de concierto se llenaban, en especial con expatriados. Entre los miembros del Club había directores de orquesta (Carl Alwin), compositores ( Hanns Eisler Marcel, Rubin, Ernst Römmer, Ruth Schönthal), cantantes de ópera (Franz Steiner, Erich Kleiber, Rosi Volk, Bruni Falcon), actores ( Brigitte Alexander, Albert Viktor Blum, Stefannie Spira) y directores de teatro como Charles Rooner,( que se quedó en México y fue uno de los fundadores del teatro moderno mexicano o Kurt Berci)

En la ciencia, los refugiados germano parlantes tuvieron un papel importantísimo en las universidades públicas como La Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Politécnico Nacional, la Universidad Obrera y El Colegio de México como maestros e investigadores (Trude Kurz,, Hans Marum, Ruth Deutsch, Rudolf Feistmann, Bodo Uhse, Laszlo Radvanyi Marieta Blau, Otto Katz, Georg Stibi, Kurt Stavenhagen, Richard Volk. En las artes plásticas está Franz Feuchtwanger Wolfgang Paalen, el fotógrafo Walter Reuters, Paul Westheim, Hannes Meyer (arquitecto)

Tal vez los que dejaron una huella más profunda fueron los escritores como Anna Seghers, Egon Erwin Kisch, Gustav Regler, Leo Deutsch, Alexander Abusch, Ludwig Renn, Paul Mayer, Kurt Stern. Sus obras no eran simples novelas, sino reflexiones filosóficas y políticas.

La lista no está completa, además, muchos exiliados aunque no eran parte activa del Club, siempre apoyaron y fueron un público fiel.

En noviembre de 1940 terminó el mandato presidencial de Cárdenas y poco después empezó el sexenio de Manuel Ávila Camacho cuyo interés fue ir desmontando poco a poco las políticas sociales de Lázaro Cárdenas.

Había una regla no escrita para los refugiados: no intervenir en la política mexicana y así lo hicieron y algunos en mayor o menor medida se atrevieron a criticar en sus novelas o fotografías, el autoritarismo del gobierno de México y la enorme desigualdad social entre los mexicanos y a mostrar su solidaridad con los más pobres.

En 1943, las organizaciones de germanoparlantes en el exilio, Alemania Libre, Acción Republicana Austriaca y el Club Heinrich Heine, crearon la editorial El Libro Libre, donde publicaron todo lo que quisieron.

Espiados por el FBI y por la Secretaría de Gobernación mexicana

Los miembros de las organizaciones de exiliados en México no se imaginaban que eran espiados por el FBI y La Secretaría de Gobernación mexicana.

Los comunistas eran quienes captaban la mayor atención de todas las agencias de seguridad norteamericanas que trabajan en coordinación con sus contrapartes mexicanas”, escribió Alexander Stephan en su ensayo El FBI y los exiliados germano parlantes en México, publicado en El Exilio bien temperado, del Instituto de Investigaciones Interculturales Germano-Mexicanas, (1995)

La embajada norteamericana en México enviaba detallados informes al departamento de Estado en Washington sobre los artículos, exposiciones, conciertos y libros publicados por el Club Heinrich Heine y la revista Freies Deutschland. Se metieron en la vida privada de los “comunazis” ( como los llamaban despectivamente) . Estaban al tanto desde las infidelidades amorosas hasta las fiestas de cumpleaños, afirma Alexander Stephan que buscó en Estados Unidos aquellos reportes de los espías. “Todas sus comunicaciones fueron interceptadas, en especial la correspondencia con alemanes que vivían en los Estados Unidos como Heinrich y Thomas Mann, los hermanos Eisler, Lion Feuchtwanger y Bertold Brecht” . Los espías norteamericanos tenían personal que hablaba alemán para clasificar los artículos y los escrito, lo que no se sabe es si realmente lograron entender a la profundidad de las discusiones estético-filosóficos de la inteligenza en el exilio.

Según Stephan, los inicios del FBI están ligadas al “peligro alemán” en México.

A Alexander Stephan no se le permitió consultar todos los documentos desclasificados a pesar del tiempo transcurrido.

J. Edgar Hoover (director de la CIA) requería de un oponente respetable para poder justificar el crecimiento de su dependencia de 391 colaboradores en el año 1933 a 5 mil al finalizar la Segunda Guerra Mundial y para asegurar la expansión de su poder” asegura el historiador.

El regreso a Alemania y el olvido

Cuando terminó la guerra en 1946, los miembros decidieron dar por terminadas las actividades del Club Heinrich Heine y cerrarlo. Ya podían regresar a sus países de origen. Muchos decidieron quedarse en México y de los que regresaron a Alemania en 1947, lo hicieron a la República Democrática ( DDR)

Cuando yo trabajé como agregada cultural en la embajada de México en la Alemania Democrática en 1970, por casualidad conocí a muchos de ellos. Se habían enamorado de México y el regreso fue traumático, no solo por la dureza de la posguerra sino que para ellos que fueron víctimas del nazismo, regresar a la escena del crimen. Además tenían mucho miedo a los castigos, a las purgas, al espionaje y a la estricta disciplina del Partido Comunista Alemán.” relata la doctora Renata von Hanffstengel y subraya “ Los que regresaron se llevaron todos sus archivos, sus obras, todo lo que produjeron en México. Empacaron cajas y cajas de papeles y eso para los investigadores en México es una pena porque hace más difícil estudiarlos”.

La profesora universitaria de 82 años de edad comparte con Hintergrund:

“Me dolió que en Europa, en especial en Alemania nadie supiera quién era Gilberto Bosques ni de las miles de vidas que había salvado, así que empecé una labor a la que le he dedicado la mitad de mi vida que es rescatar la memoria de Gilberto Bosques y de los refugiados germano parlantes en México. Yo fui quien sacó a Gilberto Bosques del olvido así como al Club Heinrich Heine. Cuando fundé el Instituto de Investigaciones Interculturales Germano- Mexicanas ni siquiera había un recuerdo coherente del Club y sus integrantes ahora todos muertos” sentenció von Hanffstengel.