Cultura

Adiós a Sergio González

 

 

 

Sergio González Rodríguez

En el año 2002 Sergio González Rodríguez tomó un taxi en la colonia Roma, en la Ciudad de México, un barrio de clase media alta. Unas calles más adelante, de pronto se subieron al vehículo tres tipos: uno se posicionó en asiento del copiloto, mientras los otros dos flanquearon a Sergio González en el asiento de atrás que quedó en medio de sus captores. El taxista era cómplice del ataque. Tras la lluvia de insultos y golpes, los hampones del asiento de atrás, sacaron picahielos y se los clavaron a Sergio como si quisieran hacer de sus piernas un frapé. Las puntas entraban y salían de los muslos del preisionero, mientras el copiloto vociferaba:

“Dice el comandante que le bajes, que ya no te metas donde no te importa” La lluvia de piquetes y de insultos atizó. El copiloto sacó la pistola y golpeó al periodista hasta que éste perdió el conocimiento. Lo arrojaron a la basura como si fuera un bulto pensando que estaba muerto.

Sergio González despertó en un hospital medio año después. Por los golpes que le dieron con la cacha de la pistola en la cabeza, en la zona de Broca ( el centro del lenguaje) el cronista tuvo que aprender a hablar nuevamente. Le llevó tiempo y mucho esfuerzo y lo logró. De la cojera que le produjo la golpiza nunca se recuperó

Quien escribe estas líneas entrevistó a Sergio González cuando ya estaba muy avanzada su recuperación pero aún así, le costaba tiempo formar las frases. Cada vez que me encontraba a Sergio González, me saludaba besando mis manos como un caballero medieval.

El libro que los hampones querían impedir que se publicara, era una versión corregida y aumentada de Huesos en el Desierto, una magnífica investigación periodística que González había hecho sobre los feminicidios en Ciudad Juárez, Chihuahua. Los que habían sido reportajes para el Periódico Reforma, se convirtieron en un libro en el que incluyó el caso del asesinato de Hester van Nirop, una joven holandesa que estaba de paso por Chihuahua en su camino a Estados Unidos donde continuaría sus estudios. Hester tuvo la misma suerte que cientos de mujeres mexicanas de haber sido asesinada. Las autoridades mexicanas, ante los feminicidios fueron indolentes, negligentes y hasta cómplices.

No quisieron investigar, por el contrario, entorpecieron la búsqueda de la verdad y la justicia.

Sergio González finalmente publicó la versión corregida y aumentada de Huesos en el Desierto, pero en España.

Cuando Arsene van Nirop presentó en la Ciudad de México en mayo del 2014 su libro Un grito de Socorro desde Juárez, ( editorial Random House) Sergio González finalmente pudo conocer personalmente a Arsene. Se abrazaron largamente con una mezcla de dolor y solidaridad. Fui testigo de ese momento tan lleno de emoción. Arsene hizo de su sufrimiento un libro de denuncia que plasma los horrores por los que pasó y que son exactamente los mismos por los que pasan las familias de todas las Muertas de Juárez, de todas las víctimas de feminicidio.

El hombre sin cabeza

El autor de El Hombre sin Cabeza, nació en la Ciudad de México el 26 de enero 1950 y el

pasado 3 de abril, su generoso corazón dejó de latir. La comunidad periodística y literaria de México quedó estupefacta por la noticia del infarto del maestro y amigo de varias generaciones de creadores.

Sergio González fue periodista, cronista, guionista y novelista. Participó en 21 libros y ganó el Premio de Periodismo Cultural Fernando Benítez por Mujer de table-dance. (1995) el Premio Casa América Catalunya a la Libertad de Expresión en Iberoamérica (2013) y al año siguiente fue merecedor del premio Anagrama de Ensayo por su libro Campo de Guerra.

Con rigor periodístico y con un estilo muy literario, González Rodríguez, analizó la violencia en México en una trilogía de libros compuesto por Huesos en el Desierto, El Hombre sin Cabeza y Campo de Guerra.

Su último libro se titula Los 43 de Iguala y es el decimosexto que publicó.

En su obra el común denominador es el conocimiento profundo de la cultura mexicana y buceo en las aguas negras y profundas de la violencia .

Sergio fue bajista del grupo de rock Enigma formado con sus hermanos. Ellos tocaron en el primer festival de rock en México en Avándaro, Estado de México y nunca antes los jóvenes habían escandalizado tanto a la “gente decente” a las buenas familias y sobre todo a la Iglesia Católica. Avándaro era contracultura pura y amor libre. Enigma siguió tocando en s hoyos punks, funks y contraculturales de todo México. Para Sergio, la cultura y la contracultura en sentido amplio, eran su vida, su fuente de inspiración y su interminable cantera.

González estudió Literatura en la Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México y periodismo en la Escuela Carlos Septién García. También fue profesor universitario y colaboró en decenas de suplementos culturales de periódicos de circulación nacional como el de la Revista Siempre, La Cultura en México, Letras Libres, Nexos y en El Ángel del Periódico Reforma, desde la fundación de aquel en 1993, hasta dos días antes de su deceso en su casa.

El oficio de Sergio González Rodríguez era narrar. Murió a los 67 años de edad y nos hará mucha falta su claridad.